02/09/2026

Restaurar las dunas: cómo Montevideo recupera una pieza clave de su costa

Desde hace más de dos décadas, Montevideo desarrolla acciones para recuperar sus sistemas dunares, desde la instalación de cercas captoras y la revegetación hasta el ordenamiento de los usos y la participación de la comunidad. Una experiencia que combina restauración, gestión costera y adaptación para conservar una de las principales infraestructuras naturales de la ciudad.

La costa es uno de los espacios centrales de la vida urbana de Montevideo. Sobre el Río de la Plata, la ciudad cuenta con más de 70 kilómetros de costa y 24 playas, de las cuales 19 están habilitadas para el uso recreativo. En este territorio, los sistemas dunares cumplen una función clave: almacenan arena, contribuyen a sostener la calidad de las playas y actúan como una defensa natural frente a tormentas y al avance del agua. Sin embargo, durante décadas, el crecimiento urbano alteró estas estructuras y redujo su presencia en distintos puntos de la costa. Recuperarlas se convirtió así en uno de los desafíos de la gestión costera de Montevideo.

Frente a este escenario, la Intendencia de Montevideo trabaja desde hace más de dos décadas en la restauración de dunas como parte de una estrategia más amplia de gestión y adaptación de la costa. El desafío es recuperar y fortalecer esta infraestructura natural sin perder los usos recreativos, turísticos y sociales que hacen de las playas uno de los principales espacios públicos de la ciudad.

La capital de Uruguay, donde viven más de 1,3 millones de habitantes, es miembro de la red ICLEI – Gobiernos Locales por la Sustentabilidad desde 2007. Leonardo Herou, director general de Desarrollo Ambiental de la Intendencia de Montevideo, y Francisco Neves, asesor técnico de la Gerencia de Gestión Ambiental del Departamento de Desarrollo Ambiental, explican cómo evolucionó el trabajo de restauración de dunas, qué función cumplen estas estructuras en el ecosistema costero y cómo la ciudad busca conservarlas frente a los desafíos del cambio climático y el uso intensivo de la costa.

Una barrera natural frente al mar

Según explica Leonardo Herou, la costa necesita prepararse para un escenario de aumento del nivel del mar y mayor frecuencia de eventos climáticos intensos. “Tenemos que asumir que estos eventos se van a dar con mayor frecuencia y con esta intensidad”, sostiene Herou . En Montevideo, esta perspectiva se traduce en políticas de adaptación y restauración costera, con acciones orientadas a recuperar ecosistemas como las dunas. 

Para entender por qué las dunas forman parte de esa estrategia de adaptación hay que mirar cómo funciona una playa arenosa. Las dunas son acumulaciones de arena moldeadas por la acción del viento y asociadas a una vegetación capaz de crecer en esas condiciones. No constituyen un elemento aislado de la playa: forman parte de un sistema dinámico en el que la arena se desplaza y se acumula.

Francisco Neves, explica que la duna funciona, en primer lugar, como un reservorio de arena que contribuye a mantener la estructura de la playa y la disponibilidad de arena seca.

“La duna es un elemento clave que termina siendo un reservorio de arena que le da estructura a la playa, primero que nada, y permite que haya arena seca, que es lo que al fin y al cabo le da también calidad a una playa”, señala.

Su función también es defensiva. En una costa sometida a tormentas y oleaje intenso, la duna puede amortiguar parte de la energía que llega desde el mar. “La duna es la mejor defensa ante el avance del oleaje en tormenta, o mismo ante los pronósticos de los escenarios de aumento de nivel del mar”, explica Neves.

“Al potenciar la playa con dunas estás alejando esa línea de costa”, resume Neves. La duna aumenta la altura y estructura del perfil de la playa y funciona como una barrera natural frente al avance del agua.

Una costa transformada por la ciudad

La situación actual de las dunas de Montevideo es también consecuencia de la historia urbana de la ciudad. La construcción de la rambla a principios del siglo XX modificó la fisonomía y el funcionamiento de la costa. Según Herou, la rambla es una obra emblemática para Montevideo, pero responde a una concepción de ciudad diferente de la que hoy orienta las políticas de gestión costera.

El proceso de urbanización también tuvo efectos directos sobre la arena. Neves señala que durante ese período incluso se extraía arena de las playas para utilizarla en la construcción de la ciudad y de la propia rambla. Con el avance urbano, algunas playas fueron perdiendo progresivamente sus dunas.

Playa del Cerro, Playa Ramírez, Pocitos y Buceo son algunos de los casos que Neves identifica como playas que llegaron a presentar una situación particularmente deteriorada. La pérdida de dunas estuvo acompañada por problemas de anegamiento, voladura de arena y reducción del ancho de las playas.

“Las playas se van angostando”, explica. La combinación entre el avance de la urbanización y la dinámica del mar reduce el espacio disponible para que el sistema costero se adapte naturalmente.

Como se restauran las dunas

Montevideo trabaja desde hace más de dos décadas en procesos de restauración dunar. El procedimiento utilizado actualmente se basa en la colocación de cercas captoras de arena, estructuras realizadas con material vegetal que interceptan la arena transportada por el viento. La acumulación progresiva genera una protoduna que puede luego consolidarse mediante vegetación. El Ministerio de Ambiente de Uruguay reconoce esta técnica como una medida de restauración de bajo costo y fácil implementación.

Pero la colocación de una cerca no es suficiente. Antes de instalarla, se analiza la orientación de la playa, los vientos predominantes, la disponibilidad de arena seca y la presencia de vegetación. Luego se complementa la intervención con plantación de especies para acelerar la recuperación.

Construir con la comunidad

Una de las principales amenazas para la salud de una duna puede ser, precisamente, el uso cotidiano que las personas hacen de la playa. El tránsito sobre las dunas genera senderos que interrumpen su continuidad y favorecen la erosión y la pérdida de arena. Por eso, Neves destaca que ordenar los accesos, instalar cartelería y orientar los recorridos son componentes de la misma estrategia de restauración.

“Trabajar también en ordenar los usos es igual de importante que trabajar específicamente en la restauración dunar”, afirma.

La dificultad está en hacerlo sin convertir la conservación en una restricción al uso de las playas. Montevideo tiene una fuerte tradición de utilización recreativa de la costa y recibe visitantes y actividades deportivas durante todo el año. Para Neves, la clave es adaptar las medidas a las características de cada playa: los accesos pueden orientarse para evitar las zonas más sensibles y las intervenciones deben considerar los usos existentes. También se busca trabajar con clubes deportivos para explicar cómo determinadas prácticas pueden afectar las dunas y encontrar alternativas.

La participación ciudadana ocupa así un lugar importante dentro de la estrategia. Además de la cartelería y la infraestructura, la Intendencia busca generar instancias de intercambio con municipios, centros vecinales y organizaciones. En algunos casos, la participación pasa directamente a la acción: vecinos y vecinas son convocados a construir cercas captoras y plantar vegetación.

“Ahí entendemos que es donde ocurre la apropiación de eso”, explica Neves. La idea es que la comunidad conozca el funcionamiento del ecosistema y, al mismo tiempo, se involucre en su cuidado.

“La duna no es un capricho sino que es relevante para la conservación de la playa”, resume.

La costa como espacio de adaptación

La restauración de dunas forma parte de una política más amplia. Montevideo cuenta con un Plan de Acción Climática con horizonte 2040 y, durante el actual período de gobierno, incorporó la gestión costera al programa “Compromiso con la Costa de Montevideo”.

El enfoque también se refleja en el presupuesto. “Si priorizo esto, le destino recursos”, plantea Herou. Por eso, las acciones de restauración costera y adaptación se incorporaron al presupuesto quinquenal, junto con obras vinculadas al saneamiento y al drenaje pluvial.

En Montevideo, el gobierno departamental tiene a su cargo el saneamiento. Esto permite abordar de manera articulada problemas que también repercuten sobre las playas, desde el funcionamiento de la red y los colectores hasta las plantas de tratamiento y los emisarios.

A esto se suman nuevas soluciones para reducir el impacto del drenaje pluvial sobre la costa. Neves explica que se están implementando sistemas urbanos de drenaje sostenible en puntos donde el agua de lluvia llega directamente a la playa y puede generar erosión.

Son intervenciones que integran infraestructura y soluciones basadas en la naturaleza: en lugar de abordar cada problema por separado, buscan reducir las presiones sobre el funcionamiento del ecosistema costero.

Medir la recuperación para mejorar las políticas

Otro de los desafíos que identifica Neves es pasar de una evaluación basada principalmente en la comparación visual del “antes y después” a un sistema de monitoreo que permita cuantificar los resultados.

Montevideo ya cuenta con herramientas para hacerlo: imágenes satelitales, vuelos de drones, sistemas de información geográfica y mediciones del perfil de las playas. El objetivo es sistematizar información sobre la superficie recuperada, el volumen de arena capturado, la evolución de los perfiles y la vegetación.

“Todo este esfuerzo y este acumulado de acciones que evidentemente tienen resultado” necesita poder cuantificarse, explica Neves, para respaldar mejor las decisiones y mostrar los resultados.

Una política local que se articula a escala nacional

El trabajo de Montevideo se desarrolla además en articulación con el Ministerio de Ambiente y con las otras intendencias costeras del país. Desde la creación del Ministerio en 2020, la restauración y conservación de playas se consolidó como una política de alcance nacional, con intercambio técnico entre los distintos niveles de gobierno.

Uno de los instrumentos es el Plan Nacional de Adaptación Costera, a través del cual Montevideo avanzará en un proyecto específico para Playa del Cerro. El proyecto forma parte de un proceso de intercambio entre los seis departamentos costeros, con el objetivo de poner en práctica medidas de adaptación y compartir aprendizajes.

También existe una línea de trabajo para fortalecer la reproducción de especies nativas costeras. Montevideo proyecta poner en funcionamiento un vivero propio para producir gramíneas, herbáceas y algunas especies arbustivas que puedan utilizarse en proyectos de restauración.

Para Neves, ese proceso tiene un valor que excede la disponibilidad de recursos materiales: permite que las distintas intendencias aprendan juntas y desarrollen capacidades propias para enfrentar un problema que, por sus características, requiere respuestas sostenidas en el tiempo.

La apuesta de Montevideo es, en definitiva, recuperar una estructura que durante décadas fue perdiendo espacio frente a la urbanización y que hoy vuelve a ser entendida como parte de la infraestructura natural de la ciudad. La duna protege la playa, contribuye a sostener su calidad recreativa y ofrece una defensa frente a las presiones climáticas. Restaurarla no significa retirar a las personas de la costa, sino encontrar formas de convivir con un ecosistema dinámico y frágil.

Como sintetiza Neves: “La duna no solo va a proteger la playa”. También permite que la playa siga existiendo y pueda continuar cumpliendo las funciones ambientales, sociales y recreativas que hacen de la costa una parte central de Montevideo.

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