“Transformar los Cerros de Renca es un proyecto de justicia ambiental y territorial”

La comuna, miembro ICLEI desde 2022, busca convertir este espacio en un pulmón verde para Santiago a partir de la gestión eficiente del agua, la restauración ambiental y la planificación a largo plazo.

27 de Mar de 2026

En Renca, una comuna ubicada en el sector norponiente de Santiago (Chile) y marcada por profundas desigualdades en el acceso a áreas verdes, el municipio impulsa uno de los proyectos de regeneración urbana y ambiental más ambiciosos de la ciudad: la transformación de 200 hectáreas de los Cerros de Renca en un parque metropolitano. La iniciativa combina restauración ecosistémica, gestión hídrica innovadora y articulación público-privada para recuperar este territorio como un espacio de biodiversidad, mitigación climática y encuentro comunitario.

 

Miembro de la red de ICLEI – Gobiernos Locales por la Sustentabilidad desde 2022, la comuna ha integrado además una mirada basada en impacto y soluciones basadas en la naturaleza en su planificación urbana. En esta entrevista, el alcalde Claudio Castro Salas explica cómo surgió el proyecto del Parque Metropolitano Cerros de Renca, qué rol cumple el Plan Maestro del Agua y por qué esta iniciativa busca convertirse en un referente de justicia urbana y ambiental en Chile.

 

 

— ¿Qué es el Parque Metropolitano Cerros de Renca y qué territorio abarca?

 

El Parque Metropolitano Cerros de Renca es un complejo de cerros de 839 hectáreas de superficie ubicado al norte de Renca, en el límite con la comuna de Quilicura. 200 de esas hectáreas, entre el Cerro Colorado y el Cerro Renca, son de propiedad de la municipalidad. Y ese terreno es el que nosotros estamos trabajando para convertir en un parque urbano que sea un símbolo de justicia social.

 

— ¿Qué problemáticas urbanas y ambientales del territorio busca abordar este proyecto?

 

Renca está en la zona norponiente de Santiago, una ciudad que es muy injusta. Cuando uno se va moviendo hacia el oriente, mejoran todos los indicadores, muy asociados también con los niveles de ingresos de las personas que viven allí. Renca, entre varias de las iniquidades de la ciudad, tiene menos áreas verdes por habitante que las que existen en el sector oriente.

 

Transformar esas 200 hectáreas de los Cerros de Renca es un proyecto de justicia territorial porque aumenta las áreas verdes por habitante en esta zona de la ciudad; pero también de justicia ambiental, porque la zona norponiente de la ciudad de Santiago, donde está Renca, es la zona que tiene una mayor concentración de contaminantes, por las características geográficas de la ciudad de Santiago. 

 

Lo que nosotros tenemos en Renca y en los alrededores es una isla de calor, que es una consecuencia de la concentración de gases contaminantes, que no necesariamente se generan en nuestro territorio pero que llegan a nuestro territorio. Por eso los Cerros de Renca, ejecutados como un parque urbano, como un ecosistema que se regenera, van a tener una capacidad creciente de captación de carbono equivalente y de contener, en parte, el aumento de las temperaturas. Eso es lo que representa hoy día este proyecto. 

 

 

—¿Cómo se inició el proceso de recuperación de los Cerros de Renca?

 

—Este es un anhelo muy importante de nuestra comunidad. Desde siempre los cerros de Renca han tenido el sueño de transformarse en un parque. Muchas gestiones municipales anteriores tuvieron también esa idea. Sin embargo, en la medida en que había cambios de gestión municipal, siempre parecía ser una idea que volvía a partir de cero. 

 

Lo que nosotros hicimos, con la intención de que esto no volviera a retroceder, fue partir con el desarrollo de un Plan Maestro que tuviese una participación muy importante de nuestra comunidad. Más de 7 mil vecinas y vecinos participaron en distintas actividades junto con Teodoro Fernandez, un premio nacional de arquitectura en Chile, que recogió todas estas intenciones las transformó en un proyecto de parque urbano. Así comenzó este proceso.

 

Tal vez algo distinto a las veces anteriores es que partimos con este Plan Maestro, que nos dio una hoja de ruta para poder avanzar, y hemos ido siguiendo esa ruta. Hemos plantado más de 80 mil árboles, hemos desarrollado mucha superficie relacionada con senderos y con miradores. Hemos ido dotándolos de una gobernanza: tenemos un equipo que administra este territorio y que lo va activando también para el uso de nuestra comunidad. 

 

En la medida en que fuimos avanzando con la ejecución de las obras de infraestructura asociadas a este Plan Maestro, nos dimos cuenta que teníamos que incorporar otras dos miradas. 

 

Una era la recuperación ecosistémica, y para eso hicimos un segundo Plan Maestro, vinculado con las técnicas de tratamiento del suelo para poder regenerarlo y pensar cómo reconectábamos la biodiversidad con las características que tienen los cerros. 

 

La otra tiene que ver con el agua. Eso nos llevó a desarrollar un tercer Plan Maestro, que nos permitiera identificar desde dónde íbamos a obtener el agua de forma sustentable para el desarrollo del parque, pero que al mismo tiempo nos permita saber cómo vamos a ocupar esa agua. Que haya sistemas de riego, de prevención y control de incendios forestales, de consumo para las personas.

 

Es muy interesante esto que nos cuentas. ¿Puedes darnos más detalles acerca de este Plan Maestro del Agua?

 

Lo que nosotros queríamos era desarrollar un modelo de gestión hídrica que fuese sostenible en el tiempo. A los pies del Cerro Renca pasa el canal subterráneo La Punta. 

 

En un principio habíamos pensado en ese canal como la principal fuente de captación de agua para diseñar nuestro Plan Maestro, pero terminamos dándonos cuenta de que eso no iba a ser sostenible en el tiempo, porque con la crisis hídrica que está viviendo la ciudad de Santiago, este canal ha disminuído su capacidad en términos de flujo de agua.

 

Ahí comenzó una idea un poco más innovadora, de identificar el potencial que teníamos de aguas industriales. En Renca tenemos dos polos industriales. Lo que hicimos fue identificar desde qué empresas hacen uso de agua para sus procesos industriales y luego la tratan y la devuelven al alcantarillado. La pregunta era cómo podíamos utilizar esa agua para llevarla a los cerros de Renca y desarrollar todas estas soluciones a las necesidades que teníamos: el riego, la prevención de incendios y el consumo. 

 

Así fue como iniciamos esta idea. Se generó primero una articulación público-privada. Lo primero que aseguramos fue que había empresas que estaban disponibles a entregarnos el agua para ser utilizada en los Cerros. Y luego teníamos que diseñar este Plan Maestro. Lo hicimos con financiamiento internacional, ejecutado con una institución académica en Chile. Ese diseño contempla toda la red de tuberías, las bombas, los estanques de acumulación de agua y los lugares en los que tienen que estar ubicados dentro de esas 200 hectáreas para poder hacer este sistema eficiente.

 

Hoy día estamos completamente enfocados en la ejecución, lo que requiere una cantidad importante de recursos que nos propusimos también obtener a partir de la articulación público-privada. Hay una red empresarial que está levantando recursos del orden de 15 millones de dólares para poder ejecutar este Plan Maestro. 

 

Y estamos muy contentos porque es un proceso que está avanzando: ya se inició la primera etapa, que es la red de ductos que van a tomar el agua de la empresa Coca-Cola Andina, una embotelladora que está en nuestra comuna y, a través de ductos subterráneos, la lleva al primer estanque de acumulación, que está en los pies del cerro Colorado.

 

La cantidad de agua que utiliza la empresa Coca-Cola Andina en sus procesos industriales alcanza perfectamente bien para la necesidad de agua que tenemos en los Cerros de Renca. 

 

 

¿Qué impactos tiene el Parque y el Plan Maestro del Agua en los ecosistemas de Renca?

 

El parque tiene un impacto múltiple. Cuando desarrollamos el segundo Plan Maestro para la regeneración de los suelos y de la biodiversidad, nos dimos cuenta que, si no teníamos agua de forma sostenible y garantizada en el tiempo, se dificultaba mucho. Por eso nos focalizamos en el impacto que esto iba a tener en la biodiversidad, en la regeneración de los suelos, en la capacidad de captación de toneladas de carbono equivalente y en la reducción de consumo de agua en potencia. 

 

Obtener el agua de una fuente de agua tratada nos permite, al mismo tiempo, enriquecer las napas subterráneas del cerro y de los canales sin hacer uso del agua que viene precisamente de esos canales. Esto tiene también un potencial de reducir las temperaturas superficiales entre 1 y 4 grados Celsius dentro del parque. 

 

Un segundo impacto tiene que ver con la calidad de vida de nuestra población. Que nuestras vecinas y vecinos puedan acceder a un parque permite una vida sana, permite una conexión con el medio ambiente, mejora la calidad de vida y el entorno del barrio. Y todo eso, además, lo hemos ido cuantificando. Hoy día sabemos, además, el valor económico que genera este impacto. Tener una vida más saludable tiene un valor económico asociado; captar o mitigar tanto temperatura como carbono tiene un valor asociado; y el mejoramiento del barrio tiene un potencial de creación de valor económico asociado.

 

 

—¿Cuál es la Importancia de la articulación público-privada dentro de este proceso?

 

Precisamente, el tercer impacto de este proyecto tiene que ver con lo que significa poner en valor la articulación público-privada y la colaboración a la hora de empujar un proyecto como este.

 

El proyecto no estaría avanzando en la forma en que lo está haciendo si nosotros no hubiésemos sido capaces de conectar desde la municipalidad a nuestra comunidad con el mundo privado empresarial, que hoy día nos ayuda a financiar y que es parte de este proceso. Pero también nos puso en contacto con un ecosistema internacional que no solamente nos brinda recursos, sino también capacidades técnicas y de financiamiento.

 

¿Cuándo y cómo comenzaron a incorporar soluciones basadas en la naturaleza (SbN) en la planificación del municipio de Renca?

 

Yo diría que nuestra forma de entender este proceso cambió cuando empezamos a ir a las COP. Antes poníamos el “check” cuando transformábamos un espacio deteriorado en una plaza en un espacio verde. Ahora la pregunta es: ¿cuál es el impacto en todas esas soluciones? ¿Cuántas toneladas de carbono equivalente están siendo capaces de captar? ¿Cuál es el impacto que tiene en la temperatura? Y eventualmente, ¿cómo se conecta con el resto del ecosistema que está en ese entorno? 

 

Empezamos a pensar en el impacto y no solamente en la solución en 2019, cuando íbamos a tener la COP25 en Chile, pero finalmente con el estallido social que vivimos aquí ese año se termina haciendo en Madrid. Sin embargo, ese fue para nosotros un momento de cambio, cuando empezamos a medir lo que estábamos haciendo, cuando empezamos a conversar en un lenguaje común en el marco de la Race to Zero y la Race to Resilience, cuando empezamos a dar cuenta a través de distintos indicadores del trabajo que estábamos haciendo en Renca. Y ahí, entonces, incorporamos en realidad las SbN. 

 

A partir de esa misma visión hemos convocado a actores que nos han permitido hacer diseños, por ejemplo, de calles completas, que son ejecutadas por el Ministerio de Obras Públicas del Gobierno Central, pero que están en Renca. En particular pienso en nuestra avenida Condell, que conecta los Cerros de Renca con el Río Mapocho. Este es un megaproyecto que estaba diseñando el Ministerio de Obras Públicas, pero que a partir del trabajo que hemos hecho desde el municipio con instituciones como ICLEI – Gobiernos Locales por la Sustentabilidad, ya que fue el foco del trabajo que hicimos con el programa Cities Forward, logramos que se incorporara una mirada de vanguardia en el diseño de soluciones basadas en la naturaleza, una visión que no tenían incorporada.

 

 

—¿Cuál cree que será el principal legado del Parque Metropolitano Cerros de Renca para la comuna?

 

El primero y el más relevante tiene que ver con el impacto que generan los Cerros de Renca transformados en parque, en términos de la mejora de la calidad de vida de nuestra comunidad. 

 

Este anhelo histórico de las vecinas y los vecinos de Renca de poder ver los cerros verdes todo el año y con infraestructura para poder utilizarlos se va a hacer realidad y va a impactar en la calidad de vida no solamente de Renca sino de toda la Ciudad de Santiago. Esto es un proyecto de carácter metropolitano y eso es un legado que, además, va a hablar por sí solo y que va a seguir evolucionando cada vez, transformándose en un mejor parque.

 

El segundo, tiene que ver con el impacto. Este es un proyecto que deja como legado para otros proyectos que se están haciendo en Renca y en Chile una forma de trabajo que pone el foco en el impacto y en la dimensión de lo que nos interesa que finalmente pase. 

 

Cuando hablamos de mejorar la calidad de vida relacionado con una vida sana, cuando hablamos de reducir el impacto del cambio climático conteniendo el aumento de la temperatura o captando emisiones de carbono equivalente, son cuestiones que no pasan solamente porque exista un proyecto. Deben ser medidas, deben ser evaluadas, deben seguir un proceso de diseño que pone el foco en el impacto que este proyecto va a tener. 

 

Y la forma en la que se ha ejecutado el parque Cerros de Renca condiciona la forma en que se van a seguir ejecutando otros proyectos en nuestra comuna y también en nuestro país. 

 

Y lo tercero tiene que ver con que este es un proyecto emblemático también respecto de lo que significa la colaboración público-privada. Es una política impulsada desde el Estado a nivel local en la ciudad, pero que conecta el apoyo del nivel del gobierno regional, del gobierno central, de un ecosistema internacional y el conjunto de las empresas que están financiando hoy día la llegada del agua a los Cerros.

 


Vuelve
Compartir